VICTOR DABOVE. Entrevista con el artista plástico argentino
Víctor Dabove es el entrevistado. Pintor argentino, nacido en 1949, vive en Morón, provincia de Buenos Aires: la misma localidad donde se reunían muchos intelectuales y artistas de prestigio y fama en la casa de Santiago Dabove (familiar de Víctor). Los temas fueron: Rembrandt; Picasso; Dalí; los espacios que tenemos en nuestros ambientes culturales y la relación en cuanto a eso; la tarea de educador en sus talleres de artes plásticas; y algunas cuestiones más. De la charla quedó material afuera, pero para no extender demasiado la entrevista, sólo transcribo, al menos ahora, esto.
—Una vez hablabas sobre Rembrandt: ¿qué es lo que encontrás en Rembrandt, que no en otros autores?
—En Rembrandt lo que más encuentro es la presencia, digamos, del ser, del ser en el sentido más pleno. La pintura de Rembrandt tiene presencia por la luz y por las penumbras. En eso está muy bueno el ensayo de Santiago Kovadloff que habla del silencio primordial y habla de las sombras o de la oscuridad de Rembandt, que es un silencio rico y más que evocativo; nos dice un montón de cosas: en eso la pintura de Rembrandt tiene musicalidad y en eso es uno de los genios más grandes de todos los tiempos. Es decir, con elementos de pronto muy simples o con un retrato está hablando de una presencia, de una fuerza almática del ser que en otros pintores no se encuentra. Es decir, hay algo muy inquietante en Rembrandt, la pincelada, la emergencia de la figura a partir de la nada, es como una pintura que: podría hablarse de Heidegger viendo la pintura de él, todo el tema del ser y el tiempo, o hablar de Sartre, de El ser y la nada. Todo ese tipo de cosas es lo que a mí me invitan a pensar de Rembrandt. Pero no sólo a mí, también otro pintor del siglo XX como fue Bacon tenía como figuras cumbres a Rembrandt y a Picasso.
—¿Y sobre Picasso?, más allá de que es admirado en algunos lugares, como mal visto por el hecho de la fama (es como que lo hace mal visto), pero: ¿cuál sería una visión más crítica sobre la obra de Picasso, al menos desde tu punto de vista?
—Lo curioso es que Picasso fue el gran genio del siglo XX, digamos de la primera mitad, y hablando de Rembrandt podemos decir que ya la obra de Picasso es un obra retro a pesar de lo genial, es como que Picasso fue un tipo muy ingenioso que supo implicar, como él decía, robarle, a cada pintor de su época, a Matisse, a Gauguin y a muchos otros pintores, y hacer algo propio. No es fácil robar y hacer algo propio. Pero en relación a otros pintores, a figuras digamos clásicas, es como que Rembrandt me parece que es más actual que Picasso, que Picasso es más viejo que Rembrandt, ¿no?, es decir, creo que es el precio que tiene que pagar toda la pintura del siglo XX, toda la vanguardia, toda la ruptura. Como que la ruptura de alguna manera, el hacer explícita la ruptura, tiene un precio que es el envejecimiento o la anticuación de resultado. En ese sentido capaz y en las nuevas corrientes de pintura mal llamadas postmodernas, hay una especie de algo parecido al músico, como que los pintores toman a un artista y hacen una ejecución a la manera de, y se transforman en ejecutantes de pintura, es como que no se puede encontrar muchas cosas nuevas (lo digo entre comillas) y hay una cuestión, creo que sabia, en tomar de los grandes maestros lo que descubrieron y a partir de ahí ser ejecutantes, como el músico que ejecuta la partitura: eso me parece interesante. Y por otro lado está toda la experimentación y la búsqueda de nuevos caminos, pero que están en eso, en experimentación, que son trabajos de laboratorio, no pasa de ser novedad, no pasa de ser puntapié inicial para que un crítico hable o para que lo mediático o lo multimediático lubrique al sistema, o sea que es como un poco hijo del sistema, es decir, como que el soporte de la comunicación es la misma expresión (lo decía Mc Luhan), pero en esto somos o podemos ser todos pequeños obreros de esas combinatorias un poco de lo que ya está. Es decir, por un lado el sistema que se muestra como fin en sí mismo, es decir, como que el sistema tiene una ontología, una propia ontología. Y por otro lado aquellos que siguiendo un poco al clasicismo son ejecutantes de ese clasicismo, ¿no?, ejecutantes del momento.
—¿Y el caso de Salvador Dalí, como ves la obra de él?
—Salvador Dalí es mucho más retro que Picasso. Dalí ni siquiera sirve para mí para una marca de perfumes. Salvador Dalí ya acabó siendo una figura de bazar. Es plástico reciclado. Es un artista plástico de material plástico, es decir que Dalí es un Tupper, pero un Tupper para guardar otra cosa.
—Y hablando de plástico reciclado, ¿las obras de los artistas contemporáneos nacionales que sin lugar a duda son Tupper, que no saben pintar, que no tienen ideas, que carecen de todo valor artístico, reflexivo, ético, pero que tienen espacio? ¿Por qué pensás que se está produciendo eso cada vez más, que las galerías están siendo ocupadas por esas personas, los medios de comunicación ya sean gráficos, virtuales, radios, televisión? ¿Por qué los espacios los ocupan esas personas y no los artistas plásticos que tienen otro valor?
—Porque estos pintores conocidos que ya sabemos quiénes son, son muy útiles para lo que es el hombre mercancía, el mundo de los negocios, de las finanzas, entonces son parte de este sistema que tanto criticamos, que muchas veces le damos lugar, porque vamos a esa muestra, porque no le hacemos una crítica suficientemente contundente. Entonces son, como te dije, artistas de country, como Arteba, y entonces aparecen… son marcas, estos artistas son productos de la góndola, entonces terminan en galerías que son pequeños supermercados, donde tenés un marketing y todo pasa por ahí. No hay alteridad posible, no hay nada que sangre de verdad, es todo una utilería, una pacatería, un cotillón, un Gallery Nigth como vemos ahora, que ya con ese término hasta es medio repugnante, ¿no?
—¿Y habrá alguna forma de romper? Yo estoy intentando romperlo pero siempre pregunto esto a todo el mundo que tiene conocimientos para ver desde dónde podemos luchar en contra de eso. Porque es una lucha, es como una suerte de guerra entre los valores estéticos de un lado y otros valores estéticos del otro. ¿Vos pensás que se puede romper, y si es que se puede romper, desde dónde?
—Sí, ya se está… más que romperse yo creo que se va a transformar en una isla eso, en una isla que va perdiendo tierra, porque yo, estando en la parte de la enseñanza, me doy cuenta de que hay un montón de gente haciendo cosas. Como te repito, el arte ya se transforma en una especie de vínculo de comunicación donde la gente no se preocupa tanto por vender, porque sabe que no se vende nada, no se vende un carajo. Entonces a mí mismo me pasa, que ahora por ahí vendo lo que trabajo, pero la vinculación es lo que me mantiene en pie. En definitiva esto (no para parafrasear) pero me hace acordar a una lectura de Humberto Eco que es uno de los ensayistas que bajo el título de La nueva Edad Media, como interrogante, puede haber una nueva edad media donde los bárbaros o los pequeños burgos o aldeas van haciendo una actividad de espaldas a los medios; entonces esa actividad crece pero crece a la medida de lo humano, no crece más allá de un grupo muy chico. Cuando ese grupo crece mucho es devorado por lo mediático. Mientras los grupos sean chicos y no pretendan más que eso y disfruten de eso la cosa va a marchar, o sea que va a llegar un momento en que se pueda homologar, para decirlo de alguna forma, esta especie de alejamiento. Un autodestierro de la mecánica informativa. Entonces va a ser mucha gente que ya no le interese más pertenecer a un grupo oficializado o privado, lo que sea, ¿no? Porque el arte sino se transforma en una emprea tipo Mc Donalds, es decir son artistas de Mc Donalds, son como ya uno ve los escritores que pertenecen a Planeta o a una determinada editorial; están como presos de una mecánica boba, donde una dialéctica muy hipócrita, donde aparecen y desaparecen y se les hace reportajes y se les preguntan las mismas pelotudeces y son un falso mito. Como decía Baudrillard: ese simulacro del arte. Son simulacro tras simulacro tras simulacro, entonces ahí no pasa absolutamente nada.
—¿Y qué se perdería o qué se ganaría entrando dentro del simulacro pero con Rembrandt o con obras como la tuya o de otros autores más allá de las distancias y características? ¿Qué se tendría entrando dentro de ese simulacro, qué pasaría si uno entra dentro del simulacro a llevar Rembrandt, a llevar tu obra, a llevar a Luis Felipe Noé, a llevar a Van Gogh, qué pasaría si yo en vez de producir una obra mediocre para una editorial grande, empiezo a producir una obra como la de Borges o de otros autores, y entro dentro del simulacro pero a llevar eso? Utilizo el simulacro para llevar eso que yo quiero llevar.
—Yo creo que la única táctica posible sería poder generar como artistas, generar en nosotros una suerte de esquizofrenia filosófica que nos permitiera estar de alguna manera escindidos, ¿no? Meternos en el sistema pero paralelamente y con mucha naturalidad vivir afuera del sistema, es decir, ser dos: generar un dualismo que nos permita no ser fagocitados, es decir, teniendo un pie adentro y un pie afuera constantemente. Sería la única forma de no caer. Tendría que haber una parte muy oculta como la otra cara de la luna, antes de que existieran los vuelos espaciales, donde uno con esa otra cara de la luna pueda generar su propio mundo, virgen de toda la contaminación, y uno use la cara visible para simplemente poder parar la olla, porque si a mí me llama Susana Giménez o cualquier personaje nefasto, o Mirtha Legrand, y obviamente no voy a decir que no, porque yo quiero comer, quiero comprarme tela, quiero viajar. Entonces habría que hacer las dos cosas, estar en el sistema y a la vez no estar en el sistema.
—Hasta que el sistema deje de ser lo que es y se convierta en otra cosa.
—Si el sistema se convierte en otra cosa, bueno, estamos frente a una singularidad desnuda, como se dice en física, no sabemos lo que puede salir de adentro o lo que puede entrar adentro.
—¿Qué te haría falta para producir mejor como artista individualmente y qué pensás que podría hacerle falta al resto de los artistas, y cuando hablo de artistas no solamente hablo de plásticos sino de otras áreas también?
—Creo que nos faltaría algo, nos falta algo (lo que voy a decir es muy cursi pero muy real): se ha hablado siempre que en esta sociedad (incluso se lo estudia en la UBA: yo a veces lo veo en los textos de mi hija que estudia psicología), y se habla que nosotros, ya desde hace muchas décadas, que estamos en la era del desencanto. Lo que nos faltaría es realmente creer en algo por venir: en una esperanza. Por lo menos cuando yo tuve una esperanza, una expectativa de que lo mío se vea, se valore, yo trabajé con más ganas. Eso me parece que es una de las patas de este hacicate, y la otra, tener una vida afectiva o una posibilidad de vivencia, en lo erótico, fuerte, y con libertad, que es lo que también nos da un balance en estas dos cosas.
—Yo noto que se están haciendo demasiadas reuniones por las cuestiones afectivas y se pierde el contenido. En el caso tuyo noto que vos hacés el contenido y le sumás lo afectivo. En los lugares que vos estás trabajando, ¿cómo tratás de lograr eso?
—A nivel de intercambio con la enseñanza yo siempre me arriesgo no sólo a que haya un clima agradable y distendido sino provocando, incluso a riesgo de perder gente, pensamiento y sacudiendo la pregunta, la pregunta del qué, el por qué de mi deseo. Es decir, eso fuera de todo contexto práctico, y eso a veces a la gente la moviliza mal, porque se da cuenta de que o necesita hacerse una terapia o necesita sincerarse de una forma diferente, es decir, generar las preguntas que yo también me hago, que son las que más nos meten en el miedo de avanzar, de cambiar, de romper cosas. Eso me parece que es lo que también ayuda a que cuando se permite uno esa posibilidad, la gente que está aprendiendo… ahí aparece lo realmente importante.
Etiquetas: Versión anterior al lunes 16 de noviembre de 2009, Últimas entrevistas
Publicado por Martín Riva el 2.10.08
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